La infraestructura urbana como activos de valor para nuestras ciudades


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El valor de las ciudades varía de un país a otro por diversos factores, legado histórico, patrimonio artístico y cultural y en algunos casos de ciudades más recientes, depende del grado de equipamiento y la calidad de sus infraestructuras. El drenaje sostenible es una solución que viene justificada por factores ambientales y sociales a largo plazo.  Está ligada a decisiones sobre cómo deben ser nuestras ciudades en el contexto de los retos más amplios del cambio climático.

Los sistemas de drenaje pueden contribuir al desarrollo sostenible y mejorar las ciudades donde vivimos equilibrando las diferentes oportunidades y desafíos que influyen en el diseño urbano y el desarrollo de las comunidades. Cada vez se acepta más que necesitamos un enfoque más sostenible de la gestión de las aguas superficiales. Por lo tanto, si las aguas superficiales son un recurso valioso, deben gestionarse para obtener el máximo beneficio.

Los sistemas de drenaje sostenible (SUD) imitan los procesos naturales de drenaje para reducir el efecto sobre la calidad y cantidad de las escorrentías, aumentando el atractivo y calidad de un determinado entorno urbano y  beneficios sobre  biodiversidad. Presentan ventajas en los ámbitos hidrológicos, ambientales, paisajísticos, y económicos.

Los beneficios hidrológicos derivan del mantenimiento del flujo natural de las corrientes de agua en el ámbito urbano, generando una menor interferencia en los regímenes naturales de las masas de aguas receptoras, tanto en calidad como en cantidad. El punto clave es que al favorecer la infiltración del agua de escorrentía, ésta pase a ser un recurso hídrico disponible para ser reutilizado, para riego de zonas verdes por ejemplo.

El aumento de superficies permeables contrarresta el aumento de temperatura que provocan las superficies asfaltadas por enfriamiento evaporativo. Esto garantiza una reducción del efecto “isla de calor”. Por otro lado, al prevenir las inundaciones y permitir la recogida de agua de lluvia, ayudan a hacer frente a los efectos del cambio climático creando entornos naturales que mejora la calidad estética, paisajística y ambiental de las áreas urbanas donde se implantan.

Como beneficio económico, podemos señalar menores costes de inversión y operacionales por la disminución de agua tratada frente a sistemas convencionales. Por otra parte, al pasar a ser el agua de precipitación un recurso disponible e incluirse en la gestión de recursos hídricos, disminuye el gasto en la captación y otras obras hidráulicas. A esto se une la disminución de pérdidas económicas provocados por inundaciones. En definitiva, nos encontramos con un sistema con coste de ciclo de vida inferior a otras alternativas que justifica su sostenibilidad económica. Como externalidad positiva podemos señalar el incremento del valor añadido de las zonas urbanas donde se implantan, debido a la mejoras del paisajísticas y ambiéntales anteriormente señaladas.

Por todos esto, los Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible son una solución relevante para convertir la gestión de aguas pluviales en un activo valioso de nuestras ciudades provocando la revalorización de los desarrollos urbanos donde se integran.